domingo, 6 de diciembre de 2009


Se nos había ocurrido ponerle a la página “bípedos implumes”, pero ya nos habían ganado de mano, lástima, porque la expresión es burlona, tiene su tradición y era más que apropiada para el asunto que nos convoca. Por otra parte, parece que coliflor no goza de muy buen prestigio, via libre para un buen uso del nombre, entonces. Nos tranquiliza que se trate de una variedad de col cuyo origen y consumo se remontan a los comienzos de las primeras civilizaciones mediterráneas. Al igual que los avatares que originaron la subjetividad occidental, Honi soit qui mal y pense. Eso sí, a “implumes” no quisimos renunciar.



remedo del animal arrojado por Diógenes
coquetas variedades de la col en cuestión

sábado, 5 de diciembre de 2009





James Ensor (1860-1949), pintor belga. "Se impone pensar en los magníficos cuadros de Ensor en los que los duendes llenan las calles de las grandes ciudades: horteras disfrazados de carnaval, máscaras desfiguradas, empolvadas de harina, con coronas de oropel sobre las frentes, deambulan imprevisibles a lo largo de las callejuelas. Quizás esos cuadros sean sobre todo una copia del renacimiento caótico y horripilante en el que en el que tantos ponen sus esperanzas, Pero desde luego está clarísimo: la pobreza de nuestra experiencia no es sino una parte de la gran pobreza que ha cobrado rostro nuevo -y tan exacto y perfilado como el de los mendigos de la Edad Media." Benjamin, "Experiencia y pobreza".

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Acerca de la subjetividad

Acerca de la subjetividad


Por Enrique Guinsberg - Publicado en 22 April 2004

Como tantos otros términos de uso muy frecuente, el de subjetividad tiene tal amplitud como escasa precisión, tal como lo demuestra una somera revisión a diccionarios en general y especializados de distintas disciplinas en particular.

Para tomar sólo uno de los primeros veamos que entiende por subjetivismo al no incluir el de subjetividad:


Con subjetivismo, por lo general, se designan las teorías filosóficas en que se subordina la realidad al pensamiento. Se emplea en contraposición al de objetivismo. En el sentido más estrecho, el subjetivismo llega al extremo de negar la capacidad del yo para conocer todo objeto extra-mental. Los solipsistas sostienen que el yo no puede conocer nada que no sea el yo mismo y sus representaciones.


Según lo ha dicho Francisco Heriberto Bradley en Appearance and Reality, “yo no puedo ir más allá de los límites que marca la experiencia, y la experiencia es mi experiencia. De esto se deduce que nada existe más allá del yo”.


Un punto de vista menos radical se encuentra en el idealismo subjetivo del filósofo inglés Jorge Berkeley, quién, por más que admite que todas las ideas necesitan proceder del yo o de sus diversos estados, encuentra en algunos de ellos orden y “objetividad” suficientes para aceptar como origen de dichas ideas una fuente heterogénea del espíritu humano, esto es, el espíritu supremo, o sea Dios.


En el propio idealismo objetivo de los pensadores alemanes que siguen a Kant, el punto de vista subjetivo se combina con un alto grado de objetivismo. Sosteniendo que lo real necesita ser esencialmente de la naturaleza del espíritu Hegel mantiene que el espíritu, que abarca todo lo que existe, no es el espíritu individual sino el proceso universal.


En la realización de su propio desarrollo este espíritu universal debe permanecer en relación con objetos que lo separan de su primera subjetividad extrema, pero que después lo reintegran a una nueva posición subjetiva (Enciclopedia Barsa, tomo XIV, p.39).

Por el evidente origen filosófico del término, es conveniente comenzar el recorrido de la significación del término por este campo, dentro del cual el clásico diccionario de filosofía de Abbagnano lo define así:



1) El carácter de todos los fenómenos psíquicos, en cuanto fenómenos de conciencia, o sea tales que el sujeto los refiere a sí mismo y los llama “míos”.

2) Carácter de lo subjetivo en el sentido de ser aparente, ilusorio o deficiente. En este sentido Hegel colocó en la esfera de la S. al debe ser en general, como también a los intereses y las finalidades del individuo.


“En cuanto al contenido de los intereses y de las finalidades -decía- está presente solamente en la forma unilateral de lo subjetivo y la unilateralidad es un límite, esta falta se demuestra al mismo tiempo como una inquietud, un dolor, como algo negativo” (Lecciones sobre estética, ed.Glockner, I, p.141). Kierkegaard quiso invertir el punto de vista hegeliano, colocando a la S. por encima de la objetividad: “El error está , en principalmente en que lo universal, en lo que el hegelianismo hace consistir la verdad (y el individuo llega a ser la verdad si está sujeto a él), es una abstracción: el Estado, etc. Hegel no llega a decir qué es la S. en sentido absoluto, y no llega a la verdad, o sea al principio que enuncia que, en última instancia, el individuo está en realidad por encima de lo universal” (Diario, X² A 426) (p. 1069).


A renglón seguido este mismo autor define subjetivismo, reconociendo al final sus limitaciones:

Término moderno que designa la doctrina que reduce a estados o actos del sujeto (universal o individual) la realidad o los valores.


En tal sentido, el idealismo es S. Porque reduce la realidad de las cosas a estados del sujeto (percepciones o representaciones) y análogamente se habla de S. Moral o de S. estético cuando se reducen el bien, el mal o lo bello y lo feo a las preferencias de los sujetos en particular. El término se usa a menudo en forma polémica y por lo tanto su significado no tiene gran precisión (p.1069-70).


Siempre desde el campo filosófico, Ferrater Mora plantea al concepto más extensamente de la siguiente forma:


La definición más general que puede darse de “subjetivismo” es: la acción y efecto de tomar el punto de vista del sujeto. El sujeto puede entenderse como un sujeto individual, como el sujeto humano en general o como el sujeto trascendental en sentido kantiano.

En este último caso no puede hablarse de subjetivismo porque, porque el sujeto trascendental es el conjunto de condiciones que hacen posible el conocimiento para cualquier sujeto cognoscente y, en último término, , el conjunto de condiciones que hacen posible todo conocimiento, aunque no sea formulado por un sujeto concreto.


Si se toma el sujeto como sujeto humano en general, el subjetivismo resultante puede ser un antropocentrismo y también lo que se ha llamado un “especieísmo”. Si se reconoce que hay otros puntos de vista posibles, además del sujeto humano, el subjetivismo es, juzgado peyorativamente, un relativismo, y juzgado como una legítima posición epistemológica, una forma de perspectivismo.

Por lo general, cuando se habla de subjetivismo, el sujeto que se tiene en mente es algún sujeto humano individual. El punto de vista de tal sujeto es un punto de vista particular. En principio, este punto de vista puede ser correcto (al fin y al cabo, un solo sujeto particular puede acertar y todos los demás pueden errar). Pero se supone que el punto de vista del sujeto particular está condicionado sólo por sus particulares condiciones y que éstas determinan los juicios formulados. Si las condiciones particulares de un sujeto no coinciden con las de otros sujetos, no se desemboca en un punto de vista intersubjetivo, sin el cual se supone que no se puede alcanzar objetividad.


El subjetivismo es por ello equiparado al relativismo, y especialmente al relativismo individualista. El subjetivismo puede afectar a juicios de valor tanto como a juicios de existencia, pero lo más común es ligar el subjetivismo a juicios de valor.

Suele denunciarse al subjetivismo como manifestación de la arbitrariedad del sujeto o individuo que formula opiniones. Un juicio formulado en virtud de intereses subjetivos (“personales”, “individuales”) y mediante racionalización de estos intereses es estimado como un juicio inadmisible si se quiere alcanzar “la verdad”; como hemos indicado en el párrafo anterior, se equipara a menudo el subjetivismo con el relativismo. Se dice, en consecuencia, que una opinión subjetiva es una opinión “parcial”.


Al subjetivismo se contrapone entonces el objetivismo como la actitud correctora; en todo caso, epistemológicamente correcta...(p.3392). El mismo autor resume esta idea en otra edición de su obra:


Se dice, ante todo, de la reducción de cualquier juicio al sujeto que juzga, es decir, de a limitación de la validez del juicio al sujeto. El alcance de este subjetivismo, que puede llamarse con toda propiedad gnoseológico, difiere según lo que se entiende por “sujeto” (...)

El subjetivismo es entonces un relativismo del sujeto, esto es, una doctrina que relativiza toda proposición haciéndola depender del sujeto (edición argentina, p.731). Como última definición desde la filosofía veamos la postura de Walter Brugger:

Subjetivismo es, en oposición a —> objetivismo, aquel punto de vista filosófico, según el cual lo decisivo para el valor del conocimiento no es el —> objeto, sino la constitución del —> sujeto, conforme a la conocida sentencia de Protágoras: el hombre es la medida de todas las cosas.

Esto se refiere o bien a determinadas formas de pensamiento e intuición que son estrictamente comunes a todos los seres pensantes o a todos los seres sensitivo-espirituales, o bien a la “naturaleza” del hombre común en sentido amplio, pero sometida a cambios históricos, o bien a los tipos raciales, psicológicos o sociológicos, o bien a la distinta peculiaridad —> subjetiva del hombre individual.


En el último caso hablamos de subjetivismo en sentido estricto, y en las formas antes mencionadas se habla de —> idealismo trascendental (—> criticismo), antropologismo, —> psicologismo o sociologismo (—> ideología). El carácter de —> relativismo recibe acentos tanto mayores en las formas del subjetivismo, cuanto la verdad se hace depender más de las condiciones cambiantes.


En el ámbito de los valores el subjetivismo limitado a los sentimientos encuentra algunos —> defensores, que sin embargo se oponen a él en el campo del ser “libre de valor”. Todo el subjetivismo está fundado a la postre en un desconocimiento de la esencia del —> espíritu como ente abierto al ámbito ilimitado del ser (p.522).


Desde un punto de vista tan génerico como las “ciencias humanas”, Georges Thines y Agnes Lempereur dan una muy larga definición de subjetividad (entendido como término de la filosofía, la psicología y la biología comparada) de la que se extraen el siguiente concepto esencial: Designa la conciencia en tanto que interioridad, en oposición a la exterioridad de los objetos e incluso por relación al cuerpo de un sujeto, en la medida en que se considera que el propio cuerpo está situado en el espacio como un objeto del mundo físico (p.854).

Y luego de ver distintas posturas filosóficas y psicológicas al respecto, así como las diferencias entre los niveles animal y humano, plantea su postura respecto al subjetivismo: Término que tiene, en muchos casos, una connotación peyorativa y designa, desde el punto de vista filosófico, la tendencia a dar supremacía a lo individual sobre lo normativo en los campos metafísico, moral, social, etc. En la acepción corriente, se tacha de subjetivismo toda actitud consistente en rechazar el carácter apremiante de lo que es aceptado como objetivo.

En psicología, este concepto es tanto más ambigua cuanto que ésta tiene por objeto la subjetividad. A partir de aquí, para evitar toda confusión entre lo subjetivista (como resultado de un juicio) y lo subjetivo (por constitución), es importante subrayar el carácter patente de la subjetividad y su no-reductibilidad a una pura inmanencia, siendo esta última la condición implícita del subjetivismo filosófico así como de la tendencia inherente al objetivismo psicológico a considerar lo subjetivo como sospechoso, incluso incomunicable a priori (...) (p. 857-8).

Desde una perspectiva sociológica, el trabajo compilado por Henry Pratt Fairchild es muy categórico en la separación de campos que se observa en los tres conceptos vinculados que define:

Subjetivo. Referente a estados psíquicos internos tales como las emociones, los sentimientos, las actitudes o los conceptos; hecho de interpretar la experiencia en función de tales estados, con insuficiente consideración de la realidad, tal como se deriva de la investigación y la actitud científica (p.285).

Valor subjetivo. Tipo de juicio aceptado por personas, grupos ó instituciones que surge del contexto societal y es considerado por él (p.309).

Valor objetivo. Tipo de juicio aceptado por personas, grupos ó instituciones formado y demostrado por el consenso de los competentes (p.309).

* * *

Ya dentro del campo psicológico, psiquiátrico, etc. aparecen significaciones como las siguientes:

Subjetivo. Lo que es sentido por experiencia íntima (Lise Moor, p.192).

Subjetivo. Lo que se experimenta por aprehensión íntima, sin posibilidad de comprobarlo directamente por observación y medida.



Todas las experiencias psíquicas. Tanto normales como patológicas, son evidentemente subjetivas. Y por ser desmesurada la extensión de este dominio, suele darse al término“subjetivo” una acepción más limitada [en neurología, etc]. En cuanto a los hechos psicológicos, los médicos hablan, sobre todo, de subjetividad para ratificar un juicio más afectivo que lógico, o un estado que el sujeto invoca cuando las circunstancias apropiadas para provocarlo no parecen realizadas (...)
(A.Porot, p.1089).



Subjetividad:

1) Cualidad de lo que existe solamente para el sujeto, para la conciencia del que lo experimenta. Es un carácter esencial de los procesos psíquicos, que sólo por el sujeto son conocidos directamente.

2) Unilateralidad en los juicios, que se forman a base del punto de vista propio. Intensa referencia al yo en los juicios. Subjetivismo: orientación filosófica que considera a la conciencia como dato primario y punto de partida de la filosofía. En su punto extremo, solipsismo (Dorsch, p.760).


Subjetivismo: véase Psicologismo. Psicologismo:

1. Punto de vista según el cual la psicología es la base de la filosofía y de las ciencias que tratan del género humano.

2. 2. Punto del vista según el cual los principios de las ciencias normativas (lógica, ética, etc) son de origen subjetivo y empírico.

3. Teoría que afirma que la psicología es la base de toda ciencia (p.291).

Subjetivo:

1. Que depende del organismo individual,

2. Que no admite registro por instrumentos físicos,

3. no susceptible de comprobación por otros investigadores,

4. Localizado en el espacio psicológico dentro del cuerpo del observador (por ejemplo los sentimientos) (Warren, p.291 y 342).



Subjetivismo: Doctrina según la cual solamente existe una realidad: la subjetiva.

Subjetivo: Que se relaciona con el sujeto. Se dice de todo aquello que es únicamente percibido por el sujeto, o pensado por él exclusivamente (Merani, p.153).

Subjetivismo:

1. Tendencia a evaluar las experiencias en función del propio marco de referencia personal,
2. Punto de vista teórico que subraya la experiencia personal como la única base de la realidad.

Subjetivo:
1. Relativo al sujeto o persona,
2. Relativo a la experiencia a la cual sólo tiene acceso el sujeto de la misma,
3. Que caracteriza a los sistemas de psicología que se centran en el sujeto y sus experiencias personales,
4. No susceptible a la realidad por consenso,
5. Perteneciente a los juicios emitidos sin el empleo de aparatos o instrumentos (Wollman, p.305).



Y un texto donde no aparece el autor lo define así:



Subjetivo. Todo fenómeno psicológico es subjetivo cuando sólo puede ser conocido por quién lo experimenta.


Ni siquiera las sensaciones más elementales escapan a la subjetividad; es imposible saber si el otro ve el color rojo como lo percibo yo, o si el dolor tiene para él el mismo significado que para mí. Con mayor razón son incomunicables los sentimientos y sólo pueden expresar por analogía, paráfrasis.


En psicología, sólo el comportamiento observable y mensurable, puede ser estudiado de una manera objetiva, y así para el psicólogo todo acontecimiento posee un aspecto objetivo y otro subjetivo; se esfuerza por captar dos aspectos, comprenderlos, el uno por el otro en su unidad; no puede desconocer el aspecto subjetivo, pues es absurdo analizar la conducta si no se sabe cómo aparece el sujeto que la vive.


En psiquiatría, se reserva el término de subjetivo a síntomas imaginarios, alucinatrios o carentes de fundamento lógico (Psicología moderna de la A a la Z, p.418). Por sus implicaciones, que se verán posteriormente, es interesante resaltar que este término no aparece en importantes obras del campo de las ciencias sociales: si bien podría no sorprender su ausencia en el Diccionario del pensamiento marxista de Tom Bottomore -por el desconocimiento, olvido o negación de la idea de subjetividad en ese marco teórico, pero en particular en la versión soviético-stalinista de este (Guinsberg, 1994) -, sí llama la atención tal carencia en obras como los Diccionario de política, el de Garzaro y el de Bobbio, en el Diccionario de Sociología de Schoeck, y en tantos otros.

Pero seguramente son más llamativas otras ausencias: el campo psicoanalítico se enorgullece de ser quién más estudia y penetra en el conocimiento de la subjetividad, pero este concepto no aparece en el famoso y valioso Diccionario de psicoanálisis de Laplanche y Pontalis, aunque estos destacan al comienzo de su obra que si bien Freud, como escritor, se mostró inventivo, cuidó poco la perfección de su vocabulario. Sin enumerar los tipos de dificultades que se presentan, baste decir que en la terminología analítica sucede como en muchas lenguas, en las que no faltan la polisemia y las imbricaciones semánticas; distintas palabras no siempre evocan ideas muy diferentes” (p.X),

Y luego destacan que sólo tomaron algunas palabras: “no todo lo que intenta explicar el psicoanálisis, sino más bien lo que le sirve para explicarlo” (p.XIII). Pero tampoco aparece en el acucioso “Indice alfabético de materias” del tomo XXIV de la edición de las obras de Freud de Amorrortu editores, tomada de la primera edición de la The Standard Edition of the Cmplete Psychological Works of Sigmund Freud, aunque una muy somera referencia respecto a esta ausencia es dada en el tomo inicial de la colección (Sobre la versión castellana), donde dicen, sin aclarar mucho en cuanto a las significaciones de los términos:

“Creencia en la realidad” es una categoría del análisis psicológico freudiano, así traducida por nosotros. Corresponde entenderla como “creencia en la objetividad”, tal como el “examen de realidad” es “examen de objetividad”.


Esta última expresión nos remite a “subjetividad”; lo objetivo y lo subjetivo se constituyen simultánea y simétricamente en el proceso del desarrollo del yo. Es preciso, pues, abandonar cualquier ingenuidad respecto de la noción de “objeto”. Su síntesis es, al mismo tiempo, síntesis del yo. El yo mismo, punto de encuentro entre lo real y lo ideal, se constituye en esos dos mundos p.25-26).



PROBLEMAS DE CONCEPTUALIZACIÓN


Tal como fuera indicado y pudo observarse en algunas de las definiciones citadas, la noción de subjetividad surge y se desarrolla esencialmente en la filosofía, signando a ésta desde sus comienzos a través de las diferentes tendencias y escuelas de idealismo /materialismo y de nociones y relaciones de sujeto /objeto.


Al respecto debería verse ni más ni menos que la historia de esa disciplina -lo que no es posible hacer aquí- y en particular, aunque no exclusivamente, los planteos de Platón, Aristóteles, Arquímedes, Descartes, Berkeley, Locke, Hume, Condillac Kant, Hegel, Feuerbach, Marx, Comte, etc.


Pero, como ocurre tantas veces, el concepto escapa de lo conocido y tradicional para adoptar nuevas significaciones, afrontando nuevas problemáticas con base en el (al menos parcialmente) nuevo contexto de su utilización.



Más allá de las connotaciones filosóficas apuntadas, que se mantienen, desde hace más de un siglo el surgimiento de la psicología como disciplina ha hecho que se entienda por subjetividad y por subjetivo todo lo perteneciente al ámbito de lo psíquico y de lo psicológico, diferenciándose de otras disciplinas sociales como las llamadas “ciencias” políticas, sociológicas, económicas, antropológicas, históricas, etc., aunque es muy sabido que también estas muchas veces son tildadas de “subjetivas”, poco o no suficientemente “objetivas” o “idelogizadas” por las consideradas “ciencias duras” e incluso por otras corrientes del mismo campo.


Pero en esta similitud actual entre subjetivo y psíquico actualmente se introduce todo lo que cada escuela o corriente psicológica entiende como tal, es decir que no se limita, como lo fue anteriormente y puede verse en algunas de las definiciones del inicio de este trabajo, sólo al aspecto o nivel conciente.


De esta manera, para el psicoanálisis en general, incluye toda la concepción meta-psicológica de este marco teórico, es decir sus aspectos dinámicos (los fenómenos psíquicos como resultantes del conflicto y el juego de las instancias del ello, yo y superyo), tópicos (los anteriores como parte de la estratificación psíquica en niveles inconsciente, preconsciente y conciente) y económicos (la magnitud de las fuerzas psíquicas).

Ha cambiado también la idea en torno a lo “medible” y “controlable” de lo objetivo y lo contrario de lo subjetivo, al menos desde la perspectiva de algunas corrientes psicológicas que consideran que tienen elementos para hacerlo: mediciones de conducta, tests, la misma idea de las escuelas conductistas y similares que no les importa el proceso interno del psiquismo sino la relación estímulo-respuesta, etc.


Pero, por otra parte, ya son innumerables los errores demostrados por la presunta “objetividad” de las prácticas de algunas disciplinas sociales: desde resultados electorales que desmintieron lo indicado por encuestas, hasta la comprobación de que los análisis sirven más para explicar lo ocurrido que para prever lo que sucederá.

Pero con independencia de la incuestionable importancia de esto último -que demuestra las dificultades para diferenciar muchas veces lo “objetivo” y lo “subjetivo”, así como sus indeterminables e indefinbles límites y fronteras-, los nuevos problemas hoy centrales son, entre otros:


1) los factores que construyen lo que se entiende por subjetividad;
2) las especificidades y vinculaciones de los campos “objetivos” y “subjetivos”;
3) nuevos campos, particulares y generales, del estudio de la subjetividad que hoy preocupan e interesan a viejos y nuevos ámbitos de investigación.
Respecto a lo primero se trata de una muy vieja polémica, que hoy se mantiene aunque con nuevos ropajes. Si por un lado se entiende al ser humano como un ser biopsicosocial, es decir como resultante de los diferentes factores indicados en tal término, por otros se prefiere enfatizar uno de ellos como prioritario y dominante en la producción de la subjetividad y de la psicopatología: lo orgánico, lo psíquico o lo social, de lo que surgen las distorsiones unilaterales del “organicismo” o “biologicismo”, el “psicologismo” y el “sociologismo”.

Para el primero, originado en un simple materialismo y posteriormente afianzado en cierta “cientificidad” médica, toda la estructuración psíquica hay que buscarla en el nivel del organismo humano, y las patologías en algún desorden o enfermedad de órganos específicos.

Considerando que todo el funcionamiento humano está ligado a la corporeidad en general, y cada actividad a órganos específicos, hace varios siglos los médicos buscaron conocer los vínculos de ese tipo, buscando comprender la psico(pato)logía del hombre. Un ejemplo claro y paradigmático al respecto es que, creyendo -como lo fue hasta fines del siglo pasado- que la histeria es un cuadro exclusivamente femenino y ausente en el hombre, buscaron su causa en un órgano sólo de la mujer: de allí viene el término “histeria”, derivado de útero.


Tal concepción hoy se mantiene en importantes sectores del campo médico en general y del psiquiátrico en particular, aunque casi exclusivamente en lo que puede considerarse como “psiquiatría clásica y tradicional” (lo que puede verse en una gran cantidad de textos de este campo médico, donde se incluye casi nada o muy poco de aspectos psíquicos y /o sociales, salvo los considerados resultados de lo orgánico).


Por supuesto que hoy tal postura ya no es tan mecánica entre órgano y conductas o patologías determinadas, sino que toma niveles de sofisticación muy grandes en terrenos neurológicos y biológicos que han convertido a los psicofármacos en las herramientas terapéuticas básicas de tal campo médico (sobre lo que existe una conocida y fuerte polémica en torno a sus resultados, nivel de estos, etc). Si bien es difícil encontrar un franco reconocimiento de la total aceptación de esta postura “organicista” -nadie deja teóricamente de aceptar alguna incidencia de lo psíquico y lo social en la construcción de la subjetividad y su patología-, esto no significa que, más allá de las palabras, tal postura sigue presente en un importante ámbito de la práctica médica.


El psicologismo (no confundir con “psicológico”, que es otra cosa, como lo indica el agregado de “ismo” al primero) es una postura que, a la inversa de la anterior, todo o casi todo lo reduce al nivel de lo psíquico, con importante o total negación de la incidencia de aspectos orgánicos y sociales en la subjetividad, el comportamiento, etc. Si bien deriva de una sobrecompensación del campo “organicista” (y a veces también del “sociologista” que se verá después), evidentemente cae también en una postura unilateral en dos formas: la primera con la señalada negación de otros aspectos, entendiendo todo desde variables exclusivamente individuales o microsociales (sobre todo familiares, como el vínculo edípico por ejemplo).


Y la segunda proyectando a terrenos sociales visiones o marcos conceptuales que pueden ser válidos para la subjetividad pero no para otros ámbitos: por ejemplo considerar al capitalismo como “la etapa anal de la sociedad”, interpretar alguna práctica social sólo como intento de resolución del complejo de Edipo (lo que puede ser válido en casos individuales pero no por ello obligatoriamente generalizable), ver el sentido de los momentos históricos sólo como producto de la personalidad de sus líderes y/o caudillos, etc.

Esta postura ha tenido y tiene gran desarrollo en este siglo como consecuencia del surgimiento de importantes marcos teóricos psicológicos, aunque estos no siempre son responsables de lo que algunos seguidores hacen de sus planteos.


Es, por ejemplo, lo que ocurre con los psicoanálisis (se utiliza los y no el para indicar la gran cantidad de variantes que hoy existen de esta escuela), donde no pocas veces la “lectura” y aplicación que se hace del mismo puede tener tal significación psicologista, muy diferente a la que pueden tener y hacer otros seguidores de la misma. Es evidente que todas las interpretaciones que se hagan de la realidad en general con centro fuerte o exclusivo en la lectura de la subjetividad, tendrán resultados equívocos por la negación (parcial o total) de otros aspectos intervinientes.


En otros casos, aunque no siempre con conciencia de ello, esta postura psicologista busca negar o simplemente niega la responsabilidad de las instituciones o políticas sociales en la determinación de los estados subjetivos, determinación que de esta manera recae sólo en los individuos o, cuanto más, las relaciones familiares o aspectos microsociales. Una variante de esta postura es la de algunas corrientes de la psicología social que limitan tal incidencia a los grupos, pequeños ámbitos de pertenencia, etc., desconociendo o minusvalorizando como éstos se encuentran contextualizados en estructuras sociales, políticas y económicas que inciden sobre aquellos.


Más adelante se verá como y por qué estas posturas hoy tienen fuerte predicamento, aunque nunca aceptarán de manera manifiesta tal postura psicologista, ya que explícicitamente jamás niegan una incidencia de factores orgánicos y sociales sobre los sujetos psíquicos que desmienten o limitan en los hechos.


Y el sociologismo niega o disminuye la importancia a los aspectos subjetivos, interpretando todo -en el mundo social y en la producción de la subjetividad- como resultado de fuerzas sociales, clases, la estructura económica, social y política, etc., de acuerdo a las diferentes teorías y escuelas de las disciplinas sociales, políticas, etc.

De esta manera se desconoce la interrelación que mutuamente se produce o puede producirse entre los mundos o las esferas de estos campos y el del psiquismo y de la subjetividad, tal como se verá más adelante. Y si para el psicologismo todo conflicto psíquico, por ejemplo, es responsabilidad exclusiva de tal campo y sin ninguna de otros, para el sociologismo es exactamente la inversa: de la lucha de clases o de pertenencia a una de ellas para ciertas posturas “marxistas” mecánicas y extremas, de una disfunción para los estructural-funcionalistas, etc.


En una ruptura con estas visiones unilaterales, otras perspectivas psicológicas y psicoanalíticas tratan de ver a la subjetividad como producto o síntesis de todos los factores -orgánicos, sociales y psíquicos que participan en su construcción. En el caso de Freud ello puede verse en su noción de “series complementarias” (la vinculación entre aspectos hereditarios, constitucionales, infantiles y actuales), y la lectura que muchos analistas hacen de su obra en general y de sus trabajos “sociológicos” en particular (Psicología de las masas y análisis del yo, El malestar en la cultura, El porvenir de una ilusión, etc).


De esta lectura surgen diferentes variantes que pueden verse en perspectivas tan diferentes como el freudo-marxismo de Wilhelm Reich y otros, el psicoanálisis culturalista (Sullivan, Fromm, Horney), el etno-psicoanálisis, el esquizo-análisis (Deleuze y Guattari), e incluso algunas del campo ortodoxo, etc.


El otro aspecto antes señalado corresponde a las vinculaciones y penetraciones que se producen entre el psiquismo /subjetividad y otros campos, donde cada vez se comprende más la dialéctica y/o las relaciones del tipo psique /cuerpo y subjetividad /cultura, sin que esta comprensión, que rompe con los rígidos cortes disciplinarios, signifique dejar de comprender la dificultad de las formas y caminos de tales vinculaciones, en particular la psicosomática y la psicosocial: en otras palabras, como lo subjetivo incide sobre lo somático y lo social, y viceversa. Pero esto sólo significa la necesidad de reforzamiento de la búsqueda de su comprensión.


De cualquier manera cada vez quedan más claro tales interpenetraciones e influencias: las formas sociales producen nuevas “necesidades” subjetivas, las “necesidades” -generales o específicas de una época- buscan situaciones sociales que las satisfagan o disminuyan las carencias, etc. Una buena síntesis de estas relaciones puede verse en un reciente texto:
La investigación de la subjetividad consiste básicamente en la interrogación de los sentidos, las significaciones y los valores, éticos y morales, que produce una determinada cultura, su forma de apropiación por los individuos y la orientación que efectúan sobre sus acciones prácticas. No existe una subjetividad que pueda aislarse de la cultura y la vida social, ni tampoco existe una cultura que pueda aislarse de la subjetividad que la sostiene.

Esta mutua determinación -en verdad, mutua producción- debe ser nuestro punto de arranque, ya que la subjetividad es cultura singularizada tanto como la cultura es subjetividad (objetivizada en los productos de la cultura, las formas de intercambio y las relaciones sociales concretas que la sostienen, pero también en las significaciones y los sentidos que organizan la producción cultural) (Galende, p.75).


Es incuestionable que esta vinculación estructural tiene una fundamental y profunda importancia en todos los aspectos de las teorías y prácticas de la subjetividad y de las disciplinas sociales y políticas: en la teoría porque implican cambios epistemológicos centrales en un proceso de ruptura de las actuales visiones disciplinarias cerradas y en el camino de la búsqueda de una inter y trans disciplinariedad; y en lo práctico porque -como ya se hace ampliamente en campos como la publicidad, la mercadotecnia, la propaganda política, etc., aunque muchas veces desde premisas más pragmáticas o intuitivas que científicas-, existe un interés muy grande en resultados que se sabe que tienen ver con las apuntadas “necesidades subjetivas”.


De esta manera hoy interesa más la presentación de un producto que su contenido, la imagen de un candidato que su programa, la capacidad (de mercancías o candidatos) de comprender las “necesidades”, o de provocar significaciones, en los receptores / consumidores, etc.


De alguna manera, hoy y desde hace no mucho tiempo, se busca comprender / hacer desde conocimientos “científicos”, lo que los clásicos líderes y caudillos -políticos, religiosos, mercantiles- que casi nunca han sido intelectuales, siempre hicieron intuitivamente al captar tales “necesidades”, expectativas y deseos.


En este sentido hace mucho que connotados analistas y profesionales han comprendido la fundamental importancia que tiene el conocimiento de los procesos subjetivos para la operatividad del “control social”, aspecto central para la construcción del “hombre necesario” para el mantenimiento y reproducción de todo sistema social.

No es entonces casual la actual preocupación por las llamadas formas de “manipulación”, tarea que, con éxito o no, es encarado por grandes empresas que recurren a todo tipo de profesionales que conocen la dinámica de la subjetividad y las formas de acceder e influir sobre ella (sociólogos, psicólogos, psicoanalistas, comunicadores, semiólogos, etc).


VIEJOS Y NUEVOS CAMPOS DE ESTUDIO DE LA SUBJETIVIDAD


Durante este siglo se ha avanzado en torno al conocimiento de la subjetividad más que durante toda la historia anterior, y se continúa en tal camino. Esto quiere decir que se profundiza en terrenos ya consolidados, se avanza en otros menos explorados, y se abren nuevas problemáticas acordes con las necesidades de cada época.


Respecto a los primeros es imposible citar aquí todo lo que se hace en torno a perspectivas teóricas y prácticas de viejas y nuevas escuelas de estudio de la subjetividad.

En cuanto a lo segundo es importante citar las búsquedas que se hacen en múltiples áreas, entre ellas en los campos de interpenetración como lo psicosomático y lo psico-social, aunque también es imperioso citar el poco estudio actual en torno a las vinculaciones de la subjetividad con los procesos sociales, políticos, etc., por la incomprensión que sigue teniendo un nada despreciable sector de investigadores de disciplinas sociales acerca de la importancia de la subjetividad, lo mismo que profesionales del campo psi (psicólogos, psicoanalistas, psiquiatras, etc) acerca de las disciplinas sociales y su incidencia sobre la subjetividad.

Sin la pretensión de exhaustividad, es interesante destacar sólo algunos de los no nuevos totalmente (porque de alguna manera siempre existieron) campos de investigación actual, pero sí hoy más frecuentados. Entre ellos:


* Subjetividad y procesos sociales, buscando ver la citada incidencia de las formas culturales de cada momento histórico sobre las características psíquicas de los sujetos.

Si siempre se menciona, entre tantos otros ejemplos posibles, que la ética protestante formó el modelo de hombre adecuado (ordenado, frugal, avaro, etc.) para la necesaria acumulación que posibilitó en la Europa central el auge de un capitalismo que ya estaba en desarrollo; y que la moral victoriana de fines del siglo XIX es la responsable de que la histeria fuese el cuadro dominante de ese período; ahora se trata de ver las características subjetivas concretas que produce cada forma cultural concreta: en este momento el llamado modelo neoliberal, como antes debió hacerse con el nazismo, el fascismo, los “socialismos realmente existentes”, etc. y con todas las experiencias pasadas, actuales y futuras. Lo que muchas veces no quiere hacerse -concientemente o no- porque el ver la psico(pato)logía resulta inevitablemente implica un cuestionamiento crítico de las formas sociales hegemónicas, como también de las ideas de “salud mental” y de “normalidad” dominantes.

* Subjetividad y género: campo de estudio muy reciente que se monta sobre todo en posturas feministas o de defensa de los derechos de la mujer, para abarcar también el ámbito específico de la masculinidad, intentando develar las características subjetivas que la noción de género produce en cada momento histórico.



* Subjetividad y medios masivos de difusión: en realidad una de las tantas partes del campo general de la incidencia de los procesos sociales sobre la subjetividad, pero en este caso al menos dos perspectivas específicas: 1) el estudio del aporte de los medios masivos en la construcción de la subjetividad, sobre todo los electrónicos y con base en el debilitamiento constante de la familia y otras instituciones socializadoras; 2) para el actual estudio de los procesos de recepción, donde los aportes psicológicos y psicoanalíticos son muy importantes y generalmente desconocidos por los comunicólogos.

* Subjetividad y política, ámbito más citado y enunciado como necesario que realmente trabajado.

* Subjetividad social, entendiéndola en dos sentidos; la primera comprendiendo la ya señalada relación hombre-cultura, por lo que toda subjetividad humana es social; pero también buscando la comprensión de los procesos por los cuales se constituyen los modelos sociales en diferentes campos: locales, regionales, nacionales, profesionales, religiosos, etc., puntos de partida para distintos intentos de categorización: las nociones de carácter social de Erich Fromm, personalidad básica de Abraham Kardiner, personalidad aprobada de Ruth Benedict, personalidad de status de Ralph Linton, personalidad de clase de Jean-Claude Filloux, etc.



A modo de ejemplo de estos intentos véase la de carácter social:


Núcleo esencial de la estructura del carácter de la mayoría de los miembros de un grupo, núcleo que se ha desarrollado como resultado de las experiencias básicas y los modos de vida comunes del grupo mismo (Fromm, El miedo a la libertad, p.322).

Consiste en moldear las energías de los individuos de modo que su conducta no sea asiento de decisión consciente en cuanto a seguir o no la norma social, sino asunto de querer obrar como tiene que obrar, encontrando al mismo tiempo placer en obrar como lo requiere la cultura (Fromm, Psicoanálisis de la sociedad contemporánea, p.72).

Por supuesto las tentativas, trabajos e investigaciones presentes no se limitan a las señaladas, siendo sólo una muestra de un universo mucho más amplio acerca de una problemática muy polémica de la que, como pudo verse, se ha dicho y escrito mucho pero más falta por conceptualizarse. Consecuencia lógica por ser la subjetividad la síntesis de múltiples determinaciones, la mayoría de ellas y su articulación, altamente complejas y cada una de ellas terreno de profundas discusiones teóricas, epistemológicas, etcétera.

México, junio de 1998


Bibliografía

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* Ensayo elaborado para el proyectado Léxico de la política con patrocinio de Conacyt, UNAM y UAM-X. Se agradecerán comentarios y sugerencias para su redacción definitiva.

** Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco.

martes, 1 de diciembre de 2009

EL RACIONALISMO DE AVERROES, CUMBRE DEL PENSAMIENTO ANDALUSÍ.

EL RACIONALISMO DE AVERROES, CUMBRE DEL PENSAMIENTO ANDALUSÍ.

1. La vuelta a Aristóteles como intento de renovación filosófica

Formación típica de la Fálsafa: Aristóteles como punto de partida obligado.

Considera que la lectura del maestro griego debe realizarse directamente. Constantes lectores del Corpus Aritotélicum Arabum y la dura crítica de la interpretación aviceniana.

Las exposiciones de Averroes no son estrictos comentarios.

a) Son presentaciones de la filosofía de raíz helénica.

b) Explicaciones del pensar de Aristóteles è experiencia formal de la sabiduría filosófica.

c) El modo de exposición introduce un giro importante en la cosmovisión escolástica islámica, lo que impedirá su continuación formal en el mundo musulmán.

Alcanza los principios fundamentales del pensamiento aristotélico: los conceptos de sabiduría, los grados del saber, papel instrumental de la lógica, sentido de la índole del conocimiento, valor universal del entendimiento humano, carácter fundamental de la sustancia (constitutiva de las cosas); ética intelectual como guía del hombre y la suprema felicidad. Para ello ha colocado los propios textos aristotélicos como eje de sus especulaciones.

2. El comentario de textos y la polémica, base de un pensamiento original.

Cuando[1] se explica el sentido directo de un texto se utiliza el comentario (fafsir) è Aristóteles.

Cuanto hay queexplicar l sentido figurado: se realiza una interpretación ( ta wil). Ésta sólo puede realizarse por los que están capacitados para su inteligencia y conocimientos y en aquellos casos en queel sentido literal no sea evidente por sí mismo.

Los textos de Averroes han contribuido a plantear el problema de la doctrina de las dos verdades:

a) Desea destruir la antropomorfización teológica. Pero su analogía entes è limitada al paradigma aristotélico è

b) Su concepción teológica reposa sobre la necesidad de una equivocidad hermenéutica èaverroístas latinos: una afirmación filosófica era válica aunque contradijera una verdad revelada sin que por ello ésta última perdiese su valor teológico è pie a al peculiar carácter de las disputas latinas.

Los[2] tres tipos de lectura:

a) Yawami o compendio ( iniciación al estudio).

b) Talfisat o Paráfrasis: se recrea libremente el pensamiento aristotélico è (Escolástica).

c) Tatsitat o comentarios literales ( citando comentarios).

La crítica textual se lleva a cabo contrastando, seleccionando y concentrándose en temas y textos, uniendo a los suyos propios en polémica los comentarios de algunos filósofos árabes.

La línea independiente del pensamiento culmina en el Tahafut, su escrito filosófico más ambicioso y original.

3. Metafísica: la analogía del ser

El[3] conocimiento sólo puede constituirse sobre la validez universal del principio general de causalidad. El fundamento último es la realidad ontológica: imposible pensar al mismo tiempo dos contrarios posibles. El saber: expresión del conocimiento universal è sistema cognoscitivo. Este conocimiento universal debe entenderse en sentido analógico.

La diversidad radical de los entes debe ser entendida por la metafísica ordenándolos según las diez categorías è sólo puede construirse una auténtica ontología si existe un conjunto de seres concretos y existentes. En razón de la peculiaridad de tal sistema metafísico debe poseer un método propio diferente del lógico, del matemático y del natural. è el analógico.: la analogía del ser supone yna dialéctica analógica. Objeto de la metafísica; el ser en cuanto ser era sentido formal y directo.

El carácter concreto y complejo de los seres confiere a la ciencia del ser su modalidad analógica: el ser debe ser tomado en varios sentidos ( Aristóteles).

Sustancia: el modo más característico del ser:

a) todo lo que no necesita de otro sujeto de intensión.

b) Predicados universales que expresan las ciencias en general.

c) Lo expresado en una definición.

d) La referencia a algo concreto que ni reside ene. Sujeto ni se predica de éste (acepción universalmente admitida).

En oposición al concepto de sustancias, los accidentes carecen de subsistencia propia dividiéndose en los restantes nueve categorías: cantidad, cualidad, relación, lugar, tiempo, situación, hábito, acción y pasión.

La estructura del ser concreto

Los seres concretos proceden de otros que coinciden con ellos en especie y esencia è el hombre nace del hombre.

Existen posibilidades naturales de alta probabilidad y otros menos frecuentes: la posibilidad viene determinada por el azar è hay que admitir causas accidentales.

La materia è naturaleza del ser universal (común).

Para que sea una è suprimir las diferencias individuales de los entes materiales concretos, pero no es así como existe en acto el ser concreto. Hay que resalta el carácter primerazo y sustancial de este ser.

Las dimensiones no pertenecen al orden de la sustancia, necesitan de un sujeto en acto que los soporte y sólo se actualizan cuando la materia recibe la forma è no existe forma esencial distinta de las formas de los cuerpos simples.

La materia y la forma constituyen los entes concretos è necesitando de la acción de la causa eficiente, pues la materia y la forma no poseen per se actividad motora ni principio autónomo de transformación.

Contra el emanatismo aviceniano

Tanto en el Gran Comentario como en el Tahafut Averroes se separa de los filósofos orientales, sobre todo de Avicena: rechaza que el intelecto agente sea una inteligencia separada de la que emanen las formas sustanciales, en especial las animadas.

a) Averroes aplica el llamado principio de economía del pensamiento: suprime el intelecto agente extrínseco al hombre al convertir aquél en principio activo intrínseco del conocimiento humano.

b) Rechaza que el intelecto agente sea el dador de formas

a. el sol y las demás estrellas son el principio de vida para cada ser vivo en la naturaleza (plano genérico).

b. Los cuerpos vivientes producen otros cuerpos vivientes del mundo empírico, como los animales se reproducen uno del otro ( plano específico).

4. Psicología: una perspectiva naturalista

Averroes continúa y profundiza el naturalismo aristotélico.

En el Gran Comentario al De Anima, el naturalismo es una línea de fondo de la psicología de Averroes. Le es necesario encontrar el método en todas las cosas y conocer cuál es el adecuado.: hay que conocer además los principios de las cosas que investigamos y después se plantea cómo se diferencias las almas.

Se lamenta de que todos los investigadores no parecen considerar sino el alma humana.

Entiende por pasiones del alma las disposiciones de la facultad concupiscible: que se distingue por el cambio y la alteración. Las pasiones del alma no están separadas del cuerpo ni formal ni realmente.

En las diversas facultades del alma aparece la materia, por eso el estudio de aquella debe ser naturalista, o de todas las almas, o de aquellas materiales.

Distingue una definición naturalis (naturalista o física,) de otra sermocinalis (dialéctica): en la primera se considera la materia, mientras que en la segunda, la forma o intención.

Aristóteles recuerda que para algunos el aliento vital = definición de vida. Averíes: que por ello, el alma esta formada de partes esféricas que están en movimiento continuamente (razón por la que fue considerado el anelituso aliento vital definición de la vida o consecuencia de ella).

Importancia dada a los nervios y el cerebro en la vida psíquica, desconocido en época de Aristóteles: afirma Averroes que en el época del Estagirita no se conocía la existencia de los nervios y por eso se hacía de la carne el instrumento de la sensación.

La estructura del intelecto humano

En Aristóteles: se asignaba a la metafísica la tarea de estudiar el nous o intelecto en cuanto separable del cuerpo. El intelecto no está mezclado con el cuerpo, ni tiene órgano específico.

En el Gran Comentario se desarrollan las tesis: lo que en Aristóteles es un breve apunte, en esta obra es una reflexión extensa y profunda. Transforma la escasa terminología Aristotélica en un rico lenguaje especulativo.

Diferencia entre sensación e intelección: cerebro como órgano de la facultad rememorativa. De acuerdo con la medicina de su época, algunas facultades como la imaginación, la memoria y la cogitativa están localizadas en diversas partes del cerebro.

Respecto de la cogitativa: no es el intelecto material, ni el intelecto que está en acto, sino una facultad material particular.

Intelecto pasivo o receptivo aristotélico: es generable y corruptible, y tiene un órgano acabado, el ventrículo medio del cerebro.

La facultad imaginativa está situada en la parte anterior del cerebro, y la cogitativa en medio, y la rememorativa en la parte posterior.

El eje central de la noética de Averroes es la cuestión del sujeto psíquico, no corporal, del pensamiento.

El punto de partida es el Aristotélico, a saber la relación entre intelecto y alma: si el intelecto es una facultad del alma o más bien otro género de alma.

· Lo primero: sería la perfección de un cuerpo (imposible pues el intelecto es eterno, no tiene órgano corporal y está separado de lo corruptible).

· Lo segundo: osciló Aristóteles entre esta posibilidad y la anterior, sin embargo Averroes puso de manifiesto las aporías que se derivaban de la primera opción del dilema y subrayó más que el Estagirita la autonomía de la noética, al desligar el intelecto del resto de las facultades del alma por la conexión necesaria con el cuerpo.

Averroes respecto del estudio de Aristóteles sobre la analogía entre sensación e intelecto, y las diferencias entre ambos conceptos (en el sentido de que el intelecto no está mezclado con el cuerpo ni tiene órgano, en contraste con la facultad sensitiva, ni sitien naturaleza o forma propia sino pura potencialidad; y que la impasibilidad de la facultad sensitiva e intelectiva se distinguen) comenta: que un sentido no puede sentir después de una sensación fuerte (facultad corporal), mientras que el intelecto, después de haber pensado, puede pensar con más facilidad (no es alterado). La causa es que el intelecto está separado (Aristóteles). Averroes dice que es la forma y no la materia lo que aprehende el intelecto de los seres.

Intelecto y las facultades receptivas del alma (imaginativa, cogitativa y rememorativa): el intelecto material necesita de las formas imaginativas que proceden de las sensaciones, y a partir de aquéllas abstrae el inteligible universal. Tales facultades tienen un sustrato material: no pueden identificarse con el intelecto material.

Respecto a la facultad cogitativa: se identificaba con lo que Aristóteles llamó intelecto receptivo o pasivo. Averroes rechaza la atribución al intelecto de la facultad cogitativa, distingue la reflexión (acción de la cogitativa) de la intelección (acción del intelecto), y subraya el carácter corruptible y generable de aquélla, a diferencia de éste.

A pesar de sus limitaciones, las tres facultades del alma son imprescindibles en el proceso intelectivo.

Consideración de los inteligibles: el intelecto material es único para todos los hombres y la especie humana. Deduce que los inteligibles son únicos y eternos. Son únicos respecto al receptor (intelecto material) pero múltiples respecto a la intención recibida; son eternos en sentido absoluto, pero corruptibles respecto a cada uno de los individuos. Captamos las cosas simples por medio de los inteligibles (no hacen verdadero ni falso en el proceso de captación; estos valores se darán en la composición).

El intelecto desarrolla dos actividades: captar los inteligibles y producirlos. Se generan:

a) Naturalmente: primeras proposiciones. Ignoramos cuándo, de dónde y como aparecieron.

b) Voluntariamente: inteligibles adquiridos a partir de las primeras proposiciones è producidos.

Los inteligibles son eternos

Distingue el inteligible en sí y el inteligible en un sujeto concreto è (explica la multiplicidad).

Afirma la identidad entre intelecto e inteligible.

Carácter activo del intelecto, a diferencia de la sensación

Tres tesis básicas que expone en el Tahafut (que se origina con la polémica con Algacel):

a) El intelecto es la percepción de los inteligibles.

b) El intelecto es inteligible por sí

c) El intelecto se identifica con los inteligibles cuando están en acto, cuando el objeto del intelecto es inmaterial.

Problema: la relación entre la ciencia divina y conocimiento humano, debatido en el Kalam islámico y en la Escolástica cristiana: sólo la intelección divina sería perfecta, al identificarse con esa Inteligencia suprema su esencia y su ciencia.

El intelecto agente como principio activo interno

En el capítulo 5 del libro III del De anima, Aristóteles distingue dos intelectos: el intelecto receptivo y el intelecto creativo o agente. Averroes explica esta división bipartita, pero cuando habla de las clases de intelecto en el Gran Comentario se refiere a una división tripartita e introduce un tercero: el intelecto habitual.

El intelecto primero es receptivo; el habitual es un intelecto producido que hace que el primero pueda concebirlo todo y el tercero, el agente, hace pasar al inteligible de la potencia al acto.

El torcer intelecto, el añadido por la tradición árabe, es el intelecto del habito que procede de Alejandro de Afrodisia.

Cuando el hombre logra la unión con el intelecto agente y alcanza así la máxima perfección posible, se llega a un nuevo intelecto (un cuarto): el intelecto adquirido.

Encontramos en Averroes una cuádruple división del intelecto. Además distingue entre el intelecto en sentido estricto e intelecto en sentido amplio, a la hora de nombrar al intelecto pasivo, al que identifica con la facultada imaginativa. Los respectivos intelectos representan las sucesivas fases ppor las que atraviesa el intelecto humano en la génesis del conocimiento.

En el Tafsir: el intelecto agente es intrínseco al hombre (teoría hilemórfica para mostrar la naturaleza de este intelecto). El intelecto agente es causa eficiente de nuestro conocimiento y al mismo tiempo, su causa formal.

El intelecto crea los inteligibles, es inmaterial y eterno.

En la noética de Averroes, al explicar la naturaleza y funciones del intelecto material, lo distingue de la materia prima: esta es en potencia todas las formas sensibles individuales, sin conocerlas ni percibirlas, mientras que aquél es en potencia todas las intenciones de las formas universales materiales.

Los términos potentia, receptio y perfectio son equívocos y se predican de distinto modo del intelecto y de las cosas materiales. Receptio, por ejemplo solo indica la recepción pero no la pasividad o el cambio. Al desvincular el intelecto material de la corporeidad, aseguró su eternidad y separabilidad. Rechazó la pretensión de Alejandro de Afrodisia de convertir en generable y corruptible al intelecto material è destruiría la naturaleza misma de este intelecto. Rechazó la posición de Temistio por los absurdos que implicaba la teoría.

Solución: distingue dos aspectos en los inteligibles especulativos:

a) en un sent5ido absoluto (respecto a cada uno de los individuos) son eternos.

b) Respecto a cada uno de los individuo (respecto al sujeto de que los genera),son corruptibles.

Teoría de los dos sujetos del conocimiento:

La unidad y multiplicidad de los inteligibles: el intelecto será multiple por las formas imaginativas y uno por el intelecto material.

Introducción de un cuarto género del ser: del mismo modo que el ser sensible se divide en materia y forma, asi el ser inteligible se divide a su vez en algo semejante a estas dos ( cuasi material y cuasi forma). Lo mismo que Averroes habia admitido una pasividad relativa en el intelecto material, ahora admite en él una potencialidad relativa y una cuasi materialidad, trantándose no obstante de una sustancia inmaterial y enterna en sí.

El intelecto material pertenece a las facultades pasivas y no es un cuerpo, ni una facultad en un cuerpo: una sustancia que acepta todas las formas, sin ser ella misma ninguna de las formas.

Avempace desempeño un papel importante respecto a la evolución del pensamiento de Áverroes sobre el intelecto material: para el primero era una disposición presente en la facultad imaginativa que servía de sujeto de los inteligibles. En primera instancia Averroes aceptó la interpretación avempaciana, pero más tarde rectifica su posición inicial y culpa a Avempace del error è Tafsir. En el Tafsir del De anima Averíes concibe ya al intelecto material como una sustancia inmaterial y eterna que en sí misma no es nada aunque potencialmente representa a todos los inteligibles y reprocha a Avempace su interpretación porque de ella se deriva la mezcla con el cuerpo a través de la facultad imaginativa, no se explica tampoco cómo es movido el intelecto sino cómo se mueve y obliga a admitir en el intelecto material las formas actualizadas, lo cual destruye su naturaleza receptiva de las formas en cuanto formas è Cuestión central de cómo se produce el paso de la potencialidad a la actualización en el intelecto: por la unión del intelecto agente con el intelecto material, que acaece al final del proceso cognoscitivo y no al principio è culmina la intelección y pensamos en acto (más fácil distinguir el agente del material). Para Averroes el método de estudio de las diferencias entre ambos es examinar sus acciones respectivas.

a) En el intelecto agente la ciencia en acto se identifica con lo conocido, con su objeto

b) En el intelecto material, contrariamente, no sucede así (su inteligible son cosas que no son en sí intelecto). En esta fase final del conocimiento ambos intelectos se identificarán en su sentido, aunque se seguirán distinguiendo en otro.

En la continuatio con el intelecto agente concluye la noética y el ideal de vida humano è perfección del bíos teoréticos aristotélico. Averroes llama a esta fase final de la intelección intelecto adquirido: unión con el intelecto agente como felicidad suprema.

a) Averroes criticó de manera explícita a los sufíes por pretender alcanzar la unión sin el conocimiento de las ciencias especulativas.

b) Defendió una divinización por el intelecto, ya sugerida por Temistio, tan alejada del sufismo como distante del formalismo religioso, pero profundamente coherente con el humanismo y el racionalismo que inspiran su innovadora noética.



[1] Por el Cruz Hernandez

[2] Por Martínez Lorca

[3] Por el Cruz Hernández